El dispositivo de seguridad se puso en funcionamiento desde primera hora de la mañana, propiciando que, veinte minutos antes del inicio de las clases, hubiera una gran acumulación de alumnos sin carnet de la universidad que no podían entrar al recinto. La montonera partía de la puerta de acceso al recinto universitario y llegaba hasta la boca de metro, situada un par de metros más allá. Los alumnos que salían del suburbano eran informados por sus compañeros de lo ocurrido. Entre ellos, sorpresa e indignación. Por mucho que estos alumnos, carentes del carnet universitario, pretendieran dialogar con los guardias de seguridad, estos se mantuvieron impasibles. Nadie que no tuviera carnet podía entrar.
Dada la situación y la gran cantidad de personas que no podían asistir a sus clases, hubo quienes llamaron a la policía. Los agentes se personaron en el recinto poco después de las nueve de la mañana, entrando para ver qué ocurría. Al marcharse la policía, los guardias de seguridad apostados en la puerta de entrada principal del Campus de Fuenlabrada permitieron el acceso al interior del recinto a aquellos alumnos que carecían de carnet de estudiante, aunque antes les registraban sus pertenencias.
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