viernes, 14 de octubre de 2011

Esperpento en la URJC

Situación esperpéntica en el Campus de Fuenlabrada de la Universidad Rey Juan Carlos. Con motivo de la "fiesta de la cerveza" el centro universitario desplegó un dispositivo de seguridad sin precedentes: toda aquella persona que careciera del carnet de estudiante del centro, no podía pasar al interior del recinto. Además, antes de entrar al Campus, los estudiantes debían permitir que los guardias de seguridad les registraran las mochilas, bolsos, maletas o maletines que llevaran. Un dispositivo de seguridad que también vivieron aquellos alumnos que querían entrar en el campus fuenlabreño con sus propios vehículos.

El dispositivo de seguridad se puso en funcionamiento desde primera hora de la mañana, propiciando que, veinte minutos antes del inicio de las clases, hubiera una gran acumulación de alumnos sin carnet de la universidad que no podían entrar al recinto. La montonera partía de la puerta de acceso al recinto universitario y llegaba hasta la boca de metro, situada un par de metros más allá. Los alumnos que salían del suburbano eran informados por sus compañeros de lo ocurrido. Entre ellos, sorpresa e indignación. Por mucho que estos alumnos, carentes del carnet universitario, pretendieran dialogar con los guardias de seguridad, estos se mantuvieron impasibles. Nadie que no tuviera carnet podía entrar.

Dada la situación y la gran cantidad de personas que no podían asistir a sus clases, hubo quienes llamaron a la policía. Los agentes se personaron en el recinto poco después de las nueve de la mañana, entrando para ver qué ocurría. Al marcharse la policía, los guardias de seguridad apostados en la puerta de entrada principal del Campus de Fuenlabrada permitieron el acceso al interior del recinto a aquellos alumnos que carecían de carnet de estudiante, aunque antes les registraban sus pertenencias.

Rápidamente, los alumnos propusieron quejas formales recogiendo firmas entre los perjudicados por lo que entienden que es una medida desproporcionada. Consideran que lo ocurrido supone una vulneración de su derecho a asistir a clase, que el hecho de resgistrar las pertenencias suponía un abuso de poder y que el centro, antes de haber aplicado este dispositivo de seguridad, debería haber avisado con antelación.

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